Somos singulares
Somos singulares
No morimos,
simplemente partimos
Quizá a un lugar ignoto, ni tan lejos, ni tan cerca.
Somos inmortales, simplemente no morimos.
Nos perpetuamos en nuestras obras, en nuestros hijos,
En todo aquello que tocamos para bien.
Somos polvos de estrellas,
siempre hemos estado ahí,
Desde el inicio, desde el comienzo, desde antes que nada sucediera.
Vagabundos somos, errantes, náuticos interestelares.
Otros océanos fueron, otros paisajes añoraremos.
Los nuestros nos anclan, los de ellos nos atan,
Pero al final nada detiene la singular partida.
No moriremos, simplemente viviremos en la incertidumbre de lo eterno, de lo sublime, Pero renaceremos diariamente en la evocación de lo pasado, porque somos hiperbóreos, porque anhelamos lo desconocido.
Ni de aceite, ni de oro, ni de polvo o de agua,
Porque estamos hechos de nuestra propia esencia, de la cual nada sabemos.
Lloramos a los que partieron, extrañamos a los que no se han ido,
Pensamos que retornaremos, sentimos que nos hemos ido
tan lejos como podemos, tan cerca como queremos.
A veces todos es angustia, a veces todo es alegría,
Nos embarga el frío del silencio, nos anima el calor de las caricias, y entre un beso y una poesía, celebramos el nuevo día.
Tenemos nuestra propia tragedia, aquella de no contar, guardada en una pequeña lagrima de sal.
Rafael Eduardo Cervantes López
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