El Velorio
EL VELORIO - ANASTASIO ELÍAS MONTAÑO Nojoda compa… este sí supo jodernos la parranda. Y bien jodida, oiga… respondió el otro, secándose el sudor del cuello. A mala hora vino a morirse este man. Nosotros que veníamos era a bebe, a goza las fiestas patronales… y a caerle al burdel ese… ¿cómo es que se llama me dijo uste? “El Mejor Polvo”, compa. Ese mismo… nojoda, hasta el nombre promete. Se miraron entre ellos y soltaron una risa corta. Y míranos ahora… metidos en un velorio que no es ni nuestro. Sin tener velas en este entierro, llorando un muerto ajeno compa. La casa estaba abierta de par en par. El calor no daba tregua. El piso, de cemento gris pulido, había sido trapeado con petróleo blanco, querosene, dejando ese olor fuerte que se mezclaba con el café cerrero y las flores silvestres. En la pared del fondo, una sábana blanca colgada, como queriendo imponer pureza, como recordando que ahí había un muerto y que eso exigía silencio. En el centro, ANASTASIO ELÍAS MONTAÑO. No...