CERRANDO CICLOS DE VIDA - El Físico Cuántico
Cuando me inicie en mí ya muy lejana niñez, crecí atrapado dentro de un universo fantástico, poblado de seres intergalácticos y alucinantes que vencían todas las leyes de la física clásica y se les permitía estar simultáneamente en dos situaciones a la vez, en una luchando contra seres dantescos y de manera instantánea rescatando a una joven y bella princesa de las entrañas de inmensos ogros espaciales que engullían todo a su alrededor y que se asemejaban a los agujeros negros, así seguí creciendo, animado por las historias más inverosímiles, narradas de viva voz por un guionista místico al mejor estilo hollywoodiputense, que tejía noche tras noche en mi fecunda imaginación, escenas de las más exquisita ficción acerca de lejanos planetas, estrellas áureas y el mágico cosmos, poblado de personajes liliputienses que eran gobernados por las más absurdas de las leyes de la física, así me adentraba inevitablemente en una aventura de nunca acabar, dejando a mi ingenuo albedrío los grandes interrogantes en mi fértil imaginación, el resultado de todo esto, fue un niño hijo de ese gran hacedor de ficciones, que en el transcurso de los años se convemrtiría en un infatigable lector y constructor de sueños subliminales, embelesado por la grandeza del universo y seducido por sus más íntimos y grandes misterios aún no develados por la ciencia, aquel director sería el primer físico empírico que me animaría a trascender mi realidad cotidiana y me invitaría a adentrarme en la insólita e increíble realidad de la mecánica cuántica.
Hoy en los albores de la sexta década de mi vida terrenal, esta realidad la pueblan los mismos fantasmas que se desvanecen llevándose consigo algunos interrogantes ya resueltos, evidenciados en los efectos y sucesos que la ciencia moderna constata paso a paso en el minutero de ese gran arcano que es el tiempo, demostrando que para creer solo se necesita estar dispuesto a hacerlo siempre que tengamos una mente abierta y tratemos de entender que la realidad no es lo que vemos solo con algunos de nuestros sentidos más comunes.
Hay mucho por escrudiñar, entender, comprender, asimilar y abandonar, la tradición siempre nos ata como barcos encallados a grandes prejuicios y dogmas que no permiten que podamos zarpar buscando nuevos y mejores horizontes, entonces, en ese momento, nos embarga el deseo de romper con esta realidad y sus viejas usanzas.
Es increíble pero las respuestas siempre han estado dentro de nosotros, no siempre tenemos que mirar por encima de nuestras cabezas, sino adentrarnos en nosotros mismos, tenemos todo un micro universo que nos ofrece los mismos retos e interrogantes que el cosmos que nos cubre, y la biología evolutiva y la astrofísica, la genética y la cosmología plantean los mismos interrogantes con la misma metodología, pudiendo así extrapolar experiencias intelectuales y situaciones coercibles que nos permitan comprender cabalmente estos dos universos, el uno expandiéndose permanentemente y el otro achicándose cada momento en el instante en que nos adentramos en él.
Como parte de ese mundo gulliveriano, aparece el contrapeso antitético y metafísico a esta realidad “cuasi absurda”, en que todo se justifica por sí mismo, el creador omnipresente y omnipotente, omnisapiente, eterno y perfecto, que se convierte de la noche a la mañana en el protagonista de mis inquisiciones intelectuales y de las entelequias de la juventud, tales como ¿cual fue la causa del Big Bang, de donde surgió la sustancia primordial de esa explosión y cuando comenzó el tiempo?, con su sequitos de ángeles creando todo lo existente en este universo físico y desplegando en su obra perfecta, toda la grandeza de la creación, el Adam, forjado a su imagen y semejanza espiritual.
Este sucinto ensayo intenta buscar un enfoque de reconciliación entre las ciencias naturales y la moderna teología, ambas en orillas bien distantes pero compartiendo algunos puntos de vista en común, tales como la creación de la materia primigenia a partir de la nada absoluta.
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